Tomar la decisión de ir al psicólogo es un acto de valentía, pero también suele venir acompañado de mucha incertidumbre. «¿Qué me van a preguntar? ¿Tendré que contarlo todo el primer día? ¿Me juzgarán si digo lo que realmente pienso?».
Quiero que sepas que el espacio terapéutico es, ante todo, un refugio. Mi prioridad en las primeras sesiones no es que me cuentes tus secretos más dolorosos de golpe, sino que te sientas seguro/a. Que sientas que tienes delante a un ser humano que te escucha con empatía genuina, profesionalidad y respeto absoluto.
El proceso es colaborativo. Tú eres el experto/a en tu vida; yo soy la experta en las herramientas para ayudarte a navegarla. Juntos marcaremos el ritmo. A veces avanzaremos, a veces pararemos para respirar, y eso está bien.
No hay una forma «correcta» de estar en terapia. Puedes llorar, puedes reír, puedes quedarte en silencio o puedes no saber qué decir. Todo lo que traigas será bienvenido. Este es tu lugar para soltar el peso, ordenar el caos y empezar a reconectar contigo mismo/a desde la calma.

